domingo, 25 de marzo de 2012

Cuando me visito el Ángel Gabriel


Yo me encontraba en un lugar desconocido para mí y vi cuando de lejos venia una persona la cual nunca en mi vida había visto pero que supe al instante que yo la estimaba mucho y ella me apreciaba grandemente, su tamaño era imponente la parte más alta de mi cabeza le daba a ella por su pecho, tuve ocasión de saberlo porque nos abrazamos por largo rato con gran amor, su cabeza era mucho más grande que la mía, con el cráneo algo cuadrado, y su cabello perfectamente recogido, su rostro era de líneas muy finas y delicadas, de ojos, nariz y boca perfectas, sus cejas eran de un espesor y largo anormal pero le daban un carácter más bello aun.
Ese ser tan precioso me abrazaba y se agachaba para verme directamente a los ojos y decirme con la sonrisa más bella que hayan podido ver mis ojos que me amaba, en ese momento sentía estar enamorado de aquel  ser tan especial, no era un sentimiento de deseo como el que se tiene por una mujer, era que ese ser me transmitía un amor tan grande que ya no quería sepárame más de ella.
Este ser, que efectivamente era femenino, venia acompañada de dos seres más, uno era igual que ella femenino, de una belleza angelical y blanca como la leche, era más pequeña, tanto como del tamaño mío y el tercer ser era masculino este se asemejaba por su estatura a un niño de unos nueve años, pero los tres compartían las mismas características, cráneo grande, facciones finas, cejas muy pobladas y largas, en otras palabras eran bellos y me inspiraban la misma confianza.
Recuerdo que caminamos agarrados de la mano por un camino y el ser que me había venido a visitar no dejaba de preguntarme sobre cómo me sentía, me veía y reía y me felicitaba, al parecer yo había hecho algo que a ella le agradaba mucho, después de la caminata agarrados de la mano tomamos un auto, era un vehículo que no puedo describir  con palabras, porque no me sabría explicar, sentados en el vehículo que nos llevaba a un lugar ella empezó a darme un mensaje que me había traído, yo la escuchaba pero mi mayor atención estaba puesta sobre sus características cabezas, tuve que preguntarles (y discúlpenme los merideños) que si eran de Mérida, y ellos los tres con una sonrisa cómplice dijeron que si, el niño jugando tomo la palabra por primera vez y dijo en tono juguetón que él era Italiano imitando el acento, en ese momento se rompió el protocolo y todos reímos, entonces fue mi momento de dirigirme a ella y le dije que me disculpara, pero que yo no sabía su nombre y ella sabía el mío, entonces me dijo riendo que su nombre era Gabriela pero la otra, muchacha que estaba al lado volteo automáticamente y viéndola a los ojos le dijo Gabriela no, Yah- viela, yo lo repetí varias veces y ella se rio, ya para entonces el vehículo nos había llevado a un sitio donde comenzaba una carretera de tierra larga y algo me decía que ese era el camino que yo debía tomar, empezó a sonar una canción cristiana muy bonita que en una de sus estrofas el cantautor le dice a Dios “ porque me amaste a mí, me amaste a mí, me amaste a mi” yo la escucho y les pregunto a ellos si la conocen, entonces empiezan a reírse entre ellos, y yo vuelvo y les digo que porque se ríen, que hay mucha gente que no la conocen y ellos empiezan a cantarla y Gabriela o Yahviela se coloca a mis espaldas con su voz muy cerca de mi oído izquierdo empieza a cantarla de una manera muy linda, ahí desperté de mi sueño, con el rostro de mi ángel grabado en mi mente y con la canción en mis labios, nunca se me olvidara esa visita y cuando el ángel de Dios me canto al oído porque me amaste a mí, me amaste a mí, me amaste a mí.

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