Yo,
Ort Enrique Betancourt Ron, a la edad de 37 años tuve una visión; se que a
partir de este momento ya nada volverá a ser igual para mí....
Venia
yo de un largo viaje, de un camino largo y difícil, de haber atravesado los
lugares y las situaciones más peligrosas, cansado, desnudo y descalzo, mis pies
daban cuenta de una travesía, de daños y maltratos al igual que mi cuerpo.
Al
termino de mi viaje me encontré en la cima de una montaña, allí había una gran
roca, sobre ella me senté. Sabía que ese era mi lugar, que por fin había
llegado, y me dispuse a descansar.
Estando
sentado en ese punto de la cima de la montaña viendo al frente a la distancia y
a todo mi alrededor, fue cuando entré en cuenta donde estaba; era el sitio más
bello que ojo humano haya visto, tuve el tiempo para deleitarme en los detalles
de aquellos espectaculares paisajes de hermosos valles y exquisitos jardines.
El
punto desde el cual yo estaba ubicado, no era muy alto, más bien era bajo para ser una
montaña, como decir la altura de un edificio de unos 20 pisos, lo que si estaba
claro es que era la cúspide y que desde ahí se dominaba la vista de todo lo que
rodeaba a la montaña.
En
la parte frontal de la montaña por el camino que yo subí, pero en la parte baja de ella, existía un gran pueblo, era
gente tostada por el sol , que estaban ahí desde hacía mucho tiempo y algo me
dijo que eran los cuidadores de la montaña y que su fe era el islam.
A mi
mano izquierda alcance a divisar la ciudad más bella y sublime, difícilmente
igualable por la mano del hombre, con edificios y estructuras magnificas, que
no hay en la tierra otra con las cuales compararlas por su belleza y delicadez.
A mi
derecha otra ciudad, superior en belleza a la anterior, tanto que no tengo
palabras para describir lo que estaba viendo.
Me
di cuenta que todo aquello era acompañado de una música celestial, había arpa y
trompeta y redoble de tambor, parecía ser el viento el que hacia esos sonidos,
algo precioso.
Aquel
espectáculo se presentaba ante mí de una manera poderosa, era como estar en el
sitio más especial del palacio de un
poderoso rey y él me mostraba su reino.
Fue
justo en ese momento cuando que me di cuenta que todo aquello sucedía ante mí,
como una vivencia, no como un sueño, sino, como algo que estaba pasando
realmente, que estaba consciente de todo, definitivamente no era un sueño, era
real y estaba pasándome.
Al
ver y sentir todo aquello sabía que estaba pasando por una experiencia espiritual y
sin resistir me entregue a ella.
Después
de eso fue que me di cuenta que la roca donde estaba sentado era de oro al
igual que la montaña, que en realidad no era una montaña como tal, sino, que
era una gigantesca estrella de David, no parada, sino, acostada de manera tal
que la roca donde yo estaba sentado era el centro de la estrella, ahí supe que
la roca a la cual yo había llegado después de tanto caminar no era otro sino el
mismo Jesús.
En
ese momento pensé que la única forma que yo estuviera viviendo aquello, era
estando muerto, pensé que de alguna manera había sucedido mientras dormía y
sentí pena por mis padres, mi esposa y mis hijos, cuando me fuesen a despertar
por la mañana y darse cuenta de aquello.
Pero
por otro lado mi alma estaba feliz, increíblemente feliz por estar ahí en ese
momento, nunca en mi vida he sentido ese grado de felicidad, y alce mis manos y
di gracias a mi dios, y empecé a elevarme en dirección al cielo. Yo podía
sentir como mi alma se separaba de mi cuerpo y estaba feliz.
En
un último segundo antes de irme definitivamente, con mi voz temblorosa, le
hable a mi dios y le dije;
._
Por favor padre dame un poco más de tiempo, aun tengo mucho por hacer, pero que
no sea mi voluntad sino tu voluntad.
Entonces,
así como me elevaba, con la misma sutileza me devolvió.
Volví
a mi roca, tan consciente de todo como si estuviera despierto. Esta vez,
esculpidas en la roca había dos estatuas, dos figuras de ángeles, una a mi
derecha y otra a mi izquierda. Yo pensaba y meditaba aquello que me estaba
sucediendo en medio de aquellas dos figuras imponentes, cuando de pronto,
tomando vida aquellas estatuas, sin dejar de ser roca, se voltearon hacia mí y
me hablaron con voz como de trueno, el ángel de la derecha se dirigió a mi por
mi nombre y me dijo cosas que dios tiene preparadas para mí y que yo al oírlas
no podía dejar de llorar y darle gracias a mi dios por aquel momento tan
glorioso, después tomo la palabra el ángel que tenia a mi mano izquierda y me
dijo que la responsabilidad estaba en mi, que tenía que llegar ahí por mi
propio pie y que lo que me acababa de decir el primer ángel , de eso, no
tendría memoria. Terminó diciéndome que ya era hora.
Entonces
me vi de pie, vestido pulcramente, más limpio que nunca y ansioso por empezar a
buscar aquello que me dijo el ángel que mi dios tiene destinado para mí. Frente
a mí, suspendido en el aire, había una tabla con unas escrituras desconocidas
para mi, algo con caracteres arabescos, debajo de esa tabla escrita, que debía
ser algo de mucha importancia, estaba una biblia y a su lado un rollo de cinta
adhesiva de color negro (teipe), para mi es esta una pista de hacia donde tengo
que dirigir mis pasos ya que yo soy electricista de profesión y ese es un
articulo esencial en mi trabajo para hacer las reparaciones eléctricas.
Después
de todo aquello, tome la biblia y el rollo de teipe, volví la vista por donde
había llegado y vi el camino de regreso, entonces le di gracias a dios por todo
aquello y me dije;
._
Ahora tengo un propósito, ahora sé lo que tengo que hacer.
Apenas
puse un pie en el camino de regreso, desperté de aquella visión, entonces supe
que ya nada volvería a ser igual para mí.
Gracias
Dios mío, por esta oportunidad que me has dado.

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