A todos aquellos que me
conocen y saben de mi vida, de mis debilidades y tribulaciones.
Hermanos en ningún
momento de mi vida pensé predicar a Cristo, porque fui pecador consciente por
muchos años y tenía la convicción de que moriría así, así yo lo había
determinado.
Pero Mi Señor tenía
otros planes para mí.
Fue solamente por la
gracia de mi Señor Yeshua, Ben David, Ha Meshiaj (El Salvador, Hijo de David,
Nuestro Mesías) que fui llamado a su buena obra y he respondido humildemente
“Heme aquí Señor” y le ha parecido a él darme su mensaje para su pueblo santo,
es decir, para su Kehila Kodesh, que aun hace vida dentro de la gran iglesia
apostata, hablo no de la iglesia católica, ya que a estas alturas del partido
no creo que exista alguien que aún no sepa que dicha iglesia es el brazo armado
de ja Satán (satanás), ni de la secta satánica
de los testigos de jehová, me dirijo con todo mi amor a la Iglesia
Evangélica, a los Adventistas, a los Protestantes y especialmente a mis
hermanos Pentecostales, a ustedes hermanos van dirigidas estas palabras.
No se asusten, tampoco
saquen conclusiones antes de escuchar lo que tengo que decirles.
Solo por su voluntad ha
sido quitado el velo que tenía en mis ojos, no por mis obras, sino por su
inmensa misericordia y su infinito amor. He podido ver la gloria de su
maravillosa obra y he recibido instrucción precisa mediante su palabra de
hacerle llegar, a su pueblo primeramente, el mensaje de salvación, “Porque el
tiempo ha llegado y su venida está a la vuelta de la esquina”, “llegó el momento de juntar a su pueblo amado”.
Voy a ir directo al
grano y voy a contarles la última revelación que he tenido. Esta vez no fue
como las anteriores, donde yo veía todo, hablaba con Ángeles y subí montañas,
ahora solo dormía y una voz sublime contaba con todo lujo de detalles una bella
historia, o, parábola, como ustedes quieran, ahí supe que se me había revelado
un gran secreto, una maravillosa noticia.
<<<Un gran Rey
dispuso una vez hacer una gran fiesta, él quería que todos aquellos que
habitaban en su reino tuvieran parte con él y con sus hijos de todas las
Bendiciones de las que gozaba el reino, quería además confiar a su pueblo
responsabilidades de príncipes y princesas, quería hacer de su Reino una sola
familia con él a la cabeza, solo había
una dificultad, ¿Cómo hacer para que no entraran aquellas personas
desobedientes que pudieran hacer fracasar su plan?
Tomó a uno de sus
siervos más queridos, llamado Moisés y le dijo:
-
Vas a decirle a tus hermanos que tengo
para ellos una fiesta muy especial y que quiero que todos estén ahí, que la
única condición para entrar al palacio es ir vestidos de blanco.
También le advirtió;
-
Aquel que no venga vestido de blanco como
le he mandado, es mejor que se quede porque no va poder entrar.
El siervo amado pregunto
a su señor;
-
¿Y para cuando será la fiesta mi señor?
El señor le respondió;
-
Pronto, muy pronto, solo asegúrate que
todos estén vestidos como le he mandado para que nadie se quede fuera.
Moisés se fue y hablo
con sus hermanos lo que el Rey le había encomendado, les explico la condición
de ir vestidos de blanco y las consecuencias de desobedecer la orden del Rey.
Pasó el tiempo y algunos
olvidaron la invitación, otros, siempre la recordaron y se esforzaron por
mantener sus ropajes limpios.
A los pocos días de
enviar a su siervo, envió a su hijo, el futuro Rey, y le dijo:
-
Hijo mío, Moisés llevó la invitación para
sus hermanos, ahora ve tú y llévales la invitación al resto de los habitantes
del reino.
También le dijo;
-
Hazles saber que aquel que no traiga una
rosa roja en el pecho, no podrá pasar al palacio, esa es mi única condición.
Así hizo el hijo amado,
y llevo el mensaje del Rey a su pueblo, todos lo recibieron con alegría, porque
sabían de la fiesta, pero pensaban que solo era para la familia de Moisés
quienes eran muy queridos por el Rey, pero al ver al propio Príncipe quien
llevaba la invitación se creyeron más importantes que la familia de Moisés.
Por el otro lado estaban
los familiares de Moisés que decían:
-
A nosotros es la invitación, ya que el
Rey directamente la hizo a nuestro Padre y sabemos de la condición de ir
vestidos de blanco, a nosotros se nos confió, dejémoslo en secreto y así
hicieron.
También los que habían
sido invitados por el Príncipe, decían:
-
A nosotros nos invitó el propio Príncipe,
el futuro Rey, para nosotros es la invitación, a nosotros se nos confió el
secreto de llevar la rosa en el pecho, dejémoslo en secreto y así hicieron.
Al fin llego el tiempo
de la gran fiesta, El Rey ordeno poner
la mesa y sonaron las trompetas, en las puertas del palacio se colocó la
guardia real, todo el pueblo vibraba de emoción, dentro estaban El Rey y su
hijo amado El Príncipe, junto a toda la casa Real, esperando a los invitados
que poco a poco fueron llegando a la puerta.
De un lado de la calle
venían los hijos e Moisés con sus vestidos blancos, orgullosos y prepotentes,
veían con asombro que en la calle de enfrente venia una gran muchedumbre con
sus mejores vestidos, pulcros y con una rosa en el pecho.
Al llegar a las puertas,
los primeros en intentar entrar fueron los hijos e Moisés, a quienes la guardia
Real, les prohibió el paso por no llevar la rosa roja en el pecho.
Desconsolados lloraron, gritaron, se acusaban unos a otros, pero ya era tarde,
guardaron siempre sus ropas blancas, pero no escucharon la voz del hijo del
Rey, por su soberbia perdían la gran oportunidad.
Luego intentó entrar el
otro grupo, al cual, al igual que al primero le fue prohibido el paso, traían
su rosa roja en el pecho y venían muy bien vestidos, pero no de blanco como lo exigió
el Rey. Desconsolados lloraron, gritaron, se acusaban unos a otros, pero ya era
tarde, cuidaron siempre su rosa roja, pero no escucharon la voz del Rey y mucho
menos hicieron caso a su mandato, por su incredulidad perdían la gran
oportunidad.
Luego, de la nada, salió
un tercer grupo, un grupo más bien pequeño comparado con los otros dos, ahí
habían de los hijos de Moisés así como de los hijos del pueblo, estos fueron
obedientes y supieron escuchar tanto la voz del Rey como la de su hijo El
Príncipe. Estos hombres y mujeres traían vestiduras blancas impecables, con
enormes rosas rojas en el pecho.
A ellos les abrieron las
puertas del palacio y se sentaron a la mesa con el Rey y con el Príncipe.
Después que entro el último, la puerta fue cerrada y mucha gente quedo fuera,
muchos fueron los llamados, pero pocos los que entraron al palacio del
Rey>>>
Queridos hermanos en
Nuestro Señor Yeshua, espero que esta
parábola esté tan clara para ustedes como lo estuvo para mí desde el principio,
pero, por si no entendieron el mensaje se los voy a explicar:
La clave para entrar al
reino de los cielos dada a Moisés, es La Ley de Dios, ojo, no la Ley
ceremonial, que es una cosa muy distinta, La Ley de Dios expresada en Los Diez
Mandamientos, en los libros escritos por Moisés desde Génesis hasta
Deuteronomio, ahí se concentran Los Mandamientos para blanquear nuestras
vestiduras, es decir para limpiar el templo del Dios viviente que es nuestro
propio cuerpo,
La Ley de Dios está tan
vigente hoy como lo estuvo en los tiempos de Nuestro Señor Yeshua, cómo el
mismo lo dijera:” No he venido a anular la Ley sino a cumplir la Ley”.
Por otro lado, podemos
tener La Ley escrita en nuestros corazones, como dicen los Judíos
Rabínicos, pero si no tenemos a Cristo y
su Santo Espíritu morando en nosotros, estamos por fuera.
Necesitamos un nuevo
despertar, sacudirnos tantos años de somnolencia, buscar al Dios verdadero en
toda su magnitud, incluyendo su santa Ley y sus Mandamientos.
Así que desde hoy me
declaro estudiante de La Ley y Discípulo de mi Señor Yeshua, para la Gloria y
Honra de mi Dios.
Gracias a todos aquellos
que se tomaron la molestia de leer, este escrito, que mi Señor Yeshua, Ben
David, Ha Meshiaj, los Bendiga, Los Ampare Y los Favorezca en todo lo que
hagan.
Amen.
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