La obra de Dios
El hombre vive en una
línea de tiempo limitada, con principio y fin establecido, a lo sumo unos cien
años de vida.
Dios por su parte es
infinito, por lo tanto para él, el tiempo no existe.
Como para Dios el tiempo
no existe y su palabra es eterna e
inmutable y la vida los hombres tiene
una duración limitada; él tiene que hacer su obra en todos los tiempos del
hombre. Así como fue en el principio, así es al final.
El prepara constantemente
hombres y mujeres para llevar adelante su obra. Nosotros, que todo lo vemos con
los ojos de la carne, no nos damos cuenta que aquello que nos ocurre en
nuestras vidas es una preparación enmarcada en el plan de Dios, para que en el
momento preciso podamos llevar adelante el propósito para el cual hemos sido
preparados a través de nuestra vida y tomemos el lugar que nos toca en el plan
de Dios.
Solo el conoce los
tiempos. En el hombre está el reconocer su posición en el plan maestro de Dios,
y estar atento a las señales y al llamado para tomar su lugar y llevar adelante
el propósito que Dios tiene para el asignado, solamente ahí, en ese sitio, estarás
viviendo tu vida conforme a la voluntad del Padre, entonces las bendiciones
vendrán a ti y serás prosperado de una manera que ni siquiera en tus sueños más
atrevidos has llegado a ver. A esto se refiere la palabra cuando dice” buscad
primero el reino de Dios y todas estas cosas serán añadidas”.
Hoy podemos hacer mucho más
de lo que hicieron Pablo, Pedro y todos los apóstoles juntos.
Estamos llamados por el
mismo Dios, pero yo digo que tiene más valor alguien que hoy se levanta y toma
el evangelio de Cristo y de corazón se apresta a llevar la verdad a quienes la
necesitan, que un discípulo de la primera iglesia, ¿por qué digo esto?, por la
sencilla razón que nosotros hemos creído por fe, nosotros no conocimos
personalmente a Cristo, pero creemos en todo lo que hizo y que fue el hijo de
Dios sin haberle visto. Ellos, los discípulos, lo vieron, lo conocieron, vieron
con sus ojos los milagros que realizo.
Dios va a levantar
discípulos hoy tan grandes como Pablo, en la misma iglesia que él personalmente
instituyo.
No recargues tu iglesia
con mandamientos de hombres, “misericordia quiero, no sacrificio”.
Dios siempre conoce los
resultados, pero igualmente nos prueba. El busca en nosotros es obediencia, es
con esa obediencia que le demostramos que estamos preparados, que somos dignos
de él.
