Capítulo 1
El día que
conocí Satanás.
Si bien fui bautizado por mis
padres en la religión católica y mi madre de pequeño me había enseñado a adorar
y a creer en sus santos e imágenes, nunca había escuchado de Cristo, me refiero
al verdadero Cristo, no al que adoran en el culto católico, apostólico y romano,
sino, al Cristo auténtico y fidedigno, a mi salvador que conozco ahora. A la
edad de 20 años, me encontraba en un espiral auto destructivo donde mis
escapadas del mundo real comenzaban los Jueves y terminaban el Domingo casi
siempre con la moral por el suelo por las cosas que había hecho, con un vacío interno que se llenaba poco a poco por basura, vicios, ideologías
erróneas y de espiritualidad negativa. Ese sentimiento nocivo que había en mí,
me llevo a expresar entre mis amigos más de una vez mi interés por lo satánico
y lo que ofrecía como recompensa a los que en ello creían. El llamado pacto con
el diablo me parecía que era bastante viable y si se podía hacer, yo estaba
dispuesto a entregar mi alma por algunos años de la buena vida. ¡Qué equivocado
estaba!
Era el mes Diciembre del año
1993, trabajaba para una empresa constructora
llamada Gp, Ingeniería con el cargo de jefe electricista en la
construcción del Centro Solano Plaza, calle La Iglesia de Sabana Grande, pleno
centro de Caracas. Todas las tardes después del almuerzo salía a caminar por el
precioso Boulevard que tenia al frente y así distraerme un rato antes de entrar
a la jornada laboral de la tarde. En una de esas caminatas que por lo general no pasaban de
media hora, encontré un puesto de libros viejos, esa es una de mis debilidades,
ahí pare e inmediatamente fui atendido por un hombre con mucha amabilidad, era
un tipo blanco, con la piel del rostro manchada por el paso del tiempo, sus
arrugas reflejaban que pasaba de los sesenta años, el cabello castaño claro, pulcro,
peinado de lado y su ropa elegante no compaginaba con la de un vendedor de
libros callejero;
-
Hola
¿como estas? – me saludó
-
Yo…, bien
– le dije sin intención de darle conversación
Yo dirigí mi atención hacia los
libros que me interesaban, pero nada en
especial, solo miraba.
-
¿Te
gustan los libros? – dijo él
intentando acercarse a mí.
-
Si, -
dije yo- . me gustan mucho los libros.
-
¡Entonces
porque no agarras uno! Me dijo con voz insistente.
-
No voy a
comprarte nada- le dije tajantemente y con voz grosera.
Ahí vi un cambio en su actitud, como
si me hubiese llevado al escenario que
él quería, entonces agarro una silla que tenía cerca y se sentó cómodamente, y
volvió y dijo;
-
Yo no
estoy vendiéndote nada… solo te pregunté
¿por qué no agarras uno?- dijo.
Me tomo algunos segundos procesar
lo que me estaba diciendo el hombre de los libros, que ahora me sonaba con un
acento extranjero, algo como si viniera de España, sonaba viejo, pero agradable.
Entonces agarré uno los libros al
azar, y le pregunté;
-
¿Qué
dices, me puedo llevar este sin pagarte nada?
-
Siempre y
cuando me lo devuelvas al terminar de leerlo- me dijo con una sonrisa.
Me pareció algo extraño, pero qué
más da, no soy del tipo que le buscan cinco patas al gato.
-
Ok,
gracias- le dije yo con un apretón de manos.
Ya era hora de entrar al trabajo,
así que tome mi libro y me vine caminando poco a poco mientras ojeaba con esa
curiosidad de lector.
Esa tarde tuve tiempo en el tren de
leer por casi una hora, el trayecto de Sabana Grande a Caricuao, es un momento bueno para leer,
siempre me ha gustado, ya al día siguiente después de haber leído lo suficiente
vi que no era tan atractivo el libro y pensé volver al puesto de mi nuevo amigo
para cambiar el libro que tenia por otro.
Aproximadamente a 50 metros antes
de llegar al puesto de los libros, note algo extraño en el ambiente, en un
boulevard como el de Sabana Grande, con un tránsito tan importante de personas
que se te hace difícil caminar y este personaje estaba ahí, en el medio,
esperándome como si supiera que volvería, con una sonrisa muy peculiar y eso no
fue todo, lo que más me sorprendió fue su saludo;
-
Hola Ort-
dijo claramente mientras se acercaba a mí.
Eso me dejo parado por unos
segundos sin saber que responder, se dirigió a mi por mi nombre y yo no
recordaba haberlo dicho en algún momento, pero automáticamente pensé que no
había otra explicación, se lo había dicho y no lo recordaba y aunque la duda
todavía hoy persiste, en aquel momento simplemente no le di importancia al
asunto.
-
Disculpa,
tú sabes mi nombre pero yo no conozco el tuyo- le dije, ahora un poco más
amigable que la última vez.
-
Esteban-
dijo el sin rodeos.
Inmediatamente dirigió su
atención al libro que traía en mis manos.
-
¿Que
pasó, ya leíste el libro?
-
¿Quieres
cambiarlo por otro?- dijo el casi simultáneamente.
No tuve yo que decir nada, el ya
conocía mis intenciones, se me hizo fácil la situación.
Esta vez tome más tiempo y fui
más selectivo, gracias a la recomendación de Esteban me marché con dos libros y
bajo la misma promesa, que al leerlos los devolvería.
Me tomó poco tiempo darme cuenta
del error cometido al elegir esos libros, eran en extremo aburridos pero así y
todo me quede con ellos un par de días, mas por pena que por otra cosa.
Entre mi tercera visita al hombre
de los libros, que ahora sabía que se llamaba Esteban y la primera vez que nos vimos, habían pasado exactamente
cuatro días y ya yo había abusado de su
generosidad con tres libros diferentes y eso me pareció más que suficiente para
dejar el asunto hasta ahí, esta vez al devolverlos le daría las gracias y le
diría que ya no quería llevar otro, pero no estaba preparado para lo que venía…
había caído por completo en su trampa.
-
Hola,
aquí te traigo los libros que me prestaste- le dije dejándolos caer sobre una pila que había al frente.
-
¿ Que
pasó, no consigues lo que buscas?- me dijo
-
Dime, ¿Qué
es lo que buscas?- dijo esta vez con mucho interés
La verdad era que yo no buscaba
algo en especial, o al menos eso creía yo, Pero tampoco me esperaba esa
pregunta. Por un momento me quedé callado, pensando en la cuestión, una
pregunta como esa, tan fácil, ¿Por qué no podía responder? Sencillo, yo mismo
no sabía que buscaba en aquellos libros viejos y desvencijados, podía comprarme
la mejor obra en la librería del frente, pero yo estaba ahí, parado en medio de
un millar de gentes, hablando con un
desconocido sobre cosas que todavía no entendía. Súbitamente vinieron a
mi mente ideas, pensamientos que se entremezclaban, ¡ya sabía que buscaba!
Ahora empezaba a hilvanar las ideas creando una oración.
-
Yo sé que
hay algo- dije tímidamente- no sé
cómo se llama pero sé que existe.
-
Eso que
no se ve, ese poder invisible que nos mantiene sometidos viendo para arriba y para
abajo.
-
Me atrae
el misterio, lo oculto, eso me atrae- dije cada vez mas emocionado porque
ahora sabía que era lo que estaba buscando.
-
No las
novelas y libros fantasiosos de espíritus y fantasmas, eso me da fastidio.
-
Quiero
saber de Dios, de satanás, quiero saber si ellos en realidad existen.
En ese momento se despertó en mi
esa curiosidad, que yo no sabía que existía pero que siempre había estado ahí,
adentro, esperando el momento para salir a flote.
Al empezar a hablar me emocioné
en gran manera y podía seguir diciendo cosas que me interesaban, pero en ese instante
Esteban me interrumpió.
-
Yo sé lo
que tú quieres, y yo lo tengo- dijo el hombre casi como un susurro.
Inmediatamente capto mi atención
la forma en que hablaba, ya no reía, no caminaba, creo que ni respiraba.
-
Tengo lo
que tú buscas Ort-
-
Pero no
creo que estés preparado para eso- lo dijo muy serio
Ahora sí, ¡si el tenia algo de lo
que yo le había descrito, yo lo quería!
-
Tengo el
libro que encierra todos los secretos que existen- volvió a decir.
Yo me quede por un momento sin
poder decir nada, no tenía idea de que me hablaba aquel personaje.
Después casi como un susurro me
dijo que me lo iba a dar, pero que tenía que venir al día siguiente por la
tarde, que él me estaría esperando con dicho libro.
Bueno, así quedamos y me fui
satisfecho de mi trato con Esteban, que cada vez se me hacía más familiar.
Al día siguiente, Viernes por la
tarde lo que usualmente hubiese sido un día de parranda para mí, se había
convertido en un verdadero suplicio, el tener que esperar desde las 2 de la
tarde hasta las 6 me había hecho llegar al punto máximo de mi ansiedad, pero al
fin ya eran las 5 y media y me dirigí a mi cita con el hombre de los libros
como habíamos quedado.
Al verme sonrió con de una manera
maliciosa a la cual yo no le preste mucha atención, pero si sabía que había
algo extraño en todo aquel contexto, pero claro, a mí no me daba miedo nada.
-
Hola Ort-
dijo directamente- ¿Dime que quieres?
-
Hola
Esteban, vengo a buscar el libro que me prometiste.
-
En realidad
lo quieres- dijo seriamente.
-
¡Clatro
que si lo quiero ¡ he esperado todo el día por esto- le dije yo emocionado.
-
Está
bien, solo tenías que decírmelo una vez más- me dijo cambiando el tono.
Me pidió que abriera el bolso que
traía y saco de debajo de la mesa, un libro grande y pesado, tan grande como el
libro más grande que había visto, la cubierta era de cuero y tenía un símbolo
en la portada de una estrella de cinco puntas encerrada en un círculo, era como
el sello que le ponen al ganado con un hierro al rojo vivo, esa fue la
impresión que me dio.
Yo agarre el libro sin preguntar
nada, le di la mano y me despedí alejándome rumbo a la estación del metro.
En el tren de esa hora no cabía un
alma más, así que tuve que aguantarme las ganas de abrir el libro hasta que
llegara a mi casa.
Habiendo llegado a mi casa pase
directamente al cuarto y saque el libro, recuerdo claramente que me quede un
largo rato viéndolo desde afuera por lo impresionante de su cubierta de cuero
con su símbolo y con su olor, transmitía la idea de tener muchísimos años, el
solo verlo desde afuera era un espectáculo.
Lo abrí solemnemente buscando el
título, o el autor, o el índice por lo menos, pero no halle nada de eso, no
tenía editorial, ni dedicatoria ni prefacio, iba directo al grano.
Desde un principio se deja ver el
sentido espiritual de la escritura involucrando al mismo Dios y a los Ángeles
del cielo, es narrado en primera persona por su protagonista que se llama a sí
mismo el príncipe de los cielos y capitán de los ejércitos de los cielos.
La lectura comienza con una
explicación de lo sucedido en el cielo cuando el mismo protagonista toma
posesión de la creación de Dios y de manera justificada hace entender que su
posición es más que justa, por cuanto su lucha es reivindicativa de los
derechos de los Ángeles acusando a un Dios de tirano y de querer hacer siempre
su voluntad sin derecho al disenso.
En ese mismo momento me doy
cuenta de lo que tengo en mis manos, es la biblia del mal, la versión de
satanás de la creación, su explicación del porque se vio obligado a tomar el
poder por la fuerza en el planeta y demostrarle a Dios que su creación, Adán,
no era lo suficientemente buena como para darle tan alta distinción como lo era
el encargarse de todo un sistema de cosas.
Cuando me doy cuenta de lo que
tengo en mis manos sentí un poder increíble, saltaba de una página a la otra a
grandes pasos, sin terminar de leer ninguna de las que veía, cada vez me
adentraba más en los misterios revelados de una manera directa y sin intermediario,
ya los curas y las iglesias, ni mis padres, ni nadie tendría el control sobre
mí, satanás me hablaba directamente con su palabra y quería que yo estuviera
ahí , con él , me prometía poder, sabiduría, conocimiento por encima del hombre
común, ya nada volvería a ser igual para mí, había encontrado lo que buscaba.
No dejaba de sorprenderme la
manera como había llegado a mi aquel libro, ahora entendía que había sido un
plan de su parte y que Esteban trabajaba para el directamente y que yo podía
ser parte de ese club con todos los beneficios que trae consigo.
Los próximos dos días, sábado y
domingo, los invertí en leer lo más que pude, sacando mis propias conclusiones
de lo que significaba aquello y pensando en la decisión que debía tomar ya
sentía una ansiedad por el próximo paso que debía dar.
Eran las 6 de la tarde del día
domingo cuando me encontré después de tanto buscar, con una sección del libro
que explicaba paso a paso el procedimiento para llevar a cabo el pacto, ya no
había vuelta atrás, solo tenía que esperar a que anocheciera lo suficiente y
salir de mi casa para dirigirme a la montaña que queda detrás del edificio
donde en aquel momento vivía y llevar a cabo el juramento, lo que había pedido
estaba ahí, frente a mis ojos y nadie más sabia de eso, solo yo, Esteban y
satanás.
Tengo que reconocer que estuve a
punto de llevar a cabo la ceremonia, como lo he dicho antes, no le tenía miedo
a nada. Pero una voz dentro de mí me detuvo, por alguna razón desconocida deje
lo que tenía que hacer para mañana.
Esa noche tuve mi primera
revelación en forma de sueño y entendí que mi lugar no era estar con satanás,
el sueño fue así:
“Estaba yo en un automóvil de lujo
con satanás como conductor íbamos por un camino largo que cada vez se hacía más
oscuro, yo hablaba con el de cómo sería el pacto pero el solo me repetía que yo
era de él y mientras más avanzábamos me embargaba un temor horrible tanto que
me dolía en el alma, hasta que le pedí que por favor se detuviera que yo me
quería bajar y su respuesta fue acelerar el auto a mayor velocidad mientras se reía
y me decía que ya no podía retroceder, tu eres mío me gritaba, el dolor se
hacía más intenso conforme avanzábamos y yo le pedía con fuerza que se
detuviera y lo enfrente de una manera directa y lo agarre por el cuello y en mi mano derecha apareció un gran puñal y
el me pedía que lo matara que solo así se detendría, claro eso era lo que él
quería para demostrarme que ya yo estaba perdido y al último momento cundo
levante el puñal para acabar con mi dolor, una voz, la misma voz que el día
anterior me había detenido de subir a la montaña, me dio una frase, me dijo no
lo mates, tú tienes el poder para destruirlo, y me le acerque a la cara y
viéndolo a los ojos le dije” Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, la sangre
de Cristo tiene poder” cuando dije esas palabras vi el terror en sus ojos y vi como
después el que quería huir era el, por fin tuve el control.”
Ahí me desperté, pero ahora sabía
lo que haría al día siguiente.
Al amanecer me fui a mi trabajo
como todos los lunes, y espere volver a ver ansiosamente aquel hombre, pero
esta vez la situación había cambiado. Ese mismo día al atardecer me dirigí
hacia aquel punto en el boulevard ya de lejos más de 100 metros yo veía a
Esteban esperándome conforme me acercaba distinguía su cara deformada con una
gran sonrisa que le abarcaba gran parte de la cara, yo no tuve miedo. Agarre el
libro y se lo tire a los pies y después de vernos directamente a los ojos le
dije.
-
Te
equivocaste conmigo satanás.
Y el riendo respondió:
-
Tú me lo
pediste y yo te lo traje, nada malo hice- dijo
-
Nos
volveremos a ver Ort- termino diciendo.
Yo le di la espalda y me fui de
ese lugar, había sido suficiente del hombre de los libros.
Capítulo 2
El día que escuche la voz de
Jesús.
El susto me duro un buen rato
pero, no podía dejar de pensar en aquella semana tan extraña, habían pasado
apenas 3 días desde la última vez que había visto al hombre de los libros y
decidí volver por el mismo camino a ver si continuaba ahí. No estaba, en su
lugar un hombre joven tenía un puesto de prendas íntimas de mujeres, me le
acerqué e igual como hiciera con el hombre de los libros entable una
conversación con él.
-
Hola amigo, buen día, ¿cómo está la venta?- me
dirigí muy amablemente.
-
Un poco floja, es que apenas me incorporé ayer-
dijo él.
-
Ah, usted
es nuevo en este punto- le dije yo indagando sutilmente.
-
No, yo tengo 3 años ya con este puesto- dijo él.
Ahí aproveche la ocasión para
preguntar por el hombre de los libros y le dije.
-
Esta semana estuvo aquí un señor mayor vendiendo
libros viejos- le dije - ¿es amigo suyo?- le pregunte.
Su respuesta más que aclarar
algo, me dejo más intrigado aun.
-
No, este puesto es mío y yo soy el único que
trabajo aquí y esta semana que pasó no
pude venir porque mi hija se enfermó y tuve que quedarme con ella en la casa ya
que estaba muy delicada- dijo él.
-
Pero aquí estuvo un hombre vendiendo libros
viejos- insistí yo.
El joven con el cual estaba
hablando se dirigió al puesto de al lado para preguntar si efectivamente había
estado otra persona trabajando ahí durante esos días y la gran sorpresa fue,
que de los puestos vecinos que estaban alrededor nadie había visto al hombre de
los libros, ni siquiera cuando lo describí con todas las señas posibles, nadie
lo había visto, solamente yo.
Fue entonces cuando tome
verdaderamente conciencia que la estrategia de satanás había involucrado a más gente de las que
podía imaginar, y si había hecho esto una vez, seguramente lo intentaría otra,
más aun cuando me aseguró que nos volveríamos a ver.
A la semana siguiente de aquel
extraño suceso, ya no pensaba en lo que había ocurrido, el trabajo me exigía
toda la atención puesto que estábamos ya en culminación de obra y en tres
semanas más debíamos tener aquel edificio de oficinas terminado, anteriormente
explique que mi cargo en la obra era de jefe de electricistas, cargo que además
de la responsabilidad que conlleva, es de gran exigencia en sus detalles
finales.
El equipo estaba conformado por
un ingeniero electricista, que en este caso era el mismo dueño de la empresa,
ocho técnicos electricistas y yo como supervisor, ya estábamos, como dije
anteriormente, en terminación de obras pero aún faltaba colocar accesorios
(tapas de toma corrientes, tapas de interruptores, tapas de los tableros, etc.)
que siempre se dejan para el último momento para resguardo y mejor acabado.
Esa mañana cuando nos dividimos
el trabajo quedo así: yo me iría piso por piso revisando toda la tubería
eléctrica que quedaba a la vista por un
ducto central y el equipo restante vendría colocando los accesorios y rematando los detalles que iban
quedando, mas nadie tendría acceso a los pisos superiores ya que el hecho que
los plomeros habían terminado su trabajo colocando llaves en los lavamanos de gran
valor, los carpinteros a su vez también habían terminado su obra colocando
pomos en las puertas también de valor y ya teníamos conocimiento que habían
empezado a extraviarse los accesorios colocados con anticipación, decidimos ser
cautelosos con las personas que subían por las escaleras ya que ahora lo que se
perdiera en la obra seria responsabilidad de nosotros los electricistas, ya que
éramos los únicos que quedábamos a excepción que algún pintor retocando las
paredes.
Así quedó entonces que cuando yo
iba por planta baja ellos venían por el
sótano 2, cuando ya yo iba por el piso 4 ellos apenas estaban llegando a planta
baja, mi ventaja era cada vez mayor a la del grupo.
Cuando llegue al último piso, que
en este caso es el piso 8, ya que es un edificio pequeño, sucedió algo
realmente inesperado y que cambio mi vida para siempre: “Yo estaba subido en una escalera separado del piso como a metro y medio
haciendo mi trabajo de inspeccionar la tubería eléctrica, ya lo había hecho por
todos los piso de abajo y esa era la última revisión por esa ala del edificio,
cuando de repente y del silencio más profundo salió una enorme voz, algo me
paralizo por completo y sentí un
escalofrío que me recorrió todo mi cuerpo como una descarga eléctrica, esas voz
pronunció con claridad perfecta y fuerte mi nombre .-¡ Ort !.- dijo aquella voz resonante, me pareció por
completo sobrenatural y el hecho saber que estaba solo en aquel piso me
perturbaba, alguna explicación habría para aquello, entonces al reaccionar, que
debe haberme tomado como treinta segundos, empecé a buscar aquella voz dentro
de cada oficina vacía que se encontraba a mi alrededor, ya que la explicación
más lógica que venía a mi cabeza era que alguno de los muchachos que trabajaban
conmigo me estaba jugando una broma, al no encontrar el origen de aquella voz
profunda, baje a toda velocidad por las escaleras hasta el lugar donde estaba
el resto de mi equipo y los encontré a todos concentrados en sus respectivos
trabajos, en la puerta de una de las oficinas estaba el encargado de la obra y
yo le pregunte que quien había subido, el me respondió inmediatamente que nadie
había salido de aquella oficina en la última media hora, que hasta los pintores
ya se habían ido y que el único que estaba trabajando en los pisos superiores
era yo.
Me volví a mi sitio pensativo sobre aquello, y buscando una respuesta
lógica de lo sucedido. Agarre mi escalera nuevamente y continué con mi
inspección adonde la había dejado. Nuevamente aquella voz, esta vez más cerca,
casi sobre mí y con más poder que la anterior, pronunció.- ¡ORT, SOY JESUS, SOY
JEHOVA!, aquella poderosa voz que se dirigía a mí por mi nombre, ahora me revelaba de donde venía, era el mismo Dios
quien me hablaba”.
En aquel momento toda mi vida
paso frente a mis ojos, no pude mantenerme en pie y caí, por primera vez sentí
que Dios existe y que nuestra existencia se debe solo a su misericordia, el
poder de aquella voz me había hecho arrodillar sin mucho esfuerzo, lo único que
Salía de mi boca era una súplica interminable pidiendo perdón, perdóname padre,
perdóname padre, era lo único que decía y un sentimiento tan grande en mi
corazón que al mismo instante de caer de rodillas comenzaron a brotar de mis
ojos lagrimas verdaderas de arrepentimiento, yo no entendía mi situación y el
por qué lloraba de esa manera, pero si sabía quién lo ocasionaba, me decía a mí
mismo acabo de escuchar la voz de Jesús.
Estuve en esa posición no sé
cuánto tiempo, ni siquiera me importaba ya más lo que estaba haciendo, solo
quería salir de ahí, mi mente estaba confundida, yo nunca había estado ni
remotamente cerca de Dios y ahora había escuchado esas palabras que retumbaban
en mi mente, solamente podía pedir perdón y llorar como si algo muy grande
embargara mi corazón.
Deje herramientas, escalera y
todo lo que estaba usando ahí tirado y me vine bajando, trataba de dejar de
llorar pero no podía, cada vez que abría la boca quebraba en un llanto profuso,
cuando llegue donde estaba el resto de mis compañeros de trabajo, no podía
decirles nada, no porque no quisiera, sino porque no podía ni siquiera
pronunciar palabra, solo salía un llanto de mi boca que tampoco podía refrenar.
Me fui del trabajo sin dar
explicación alguna y mis jefes al verme en esa situación tampoco me las
exigieron y consintieron en que me fuera a descansar para mi casa pensando que
algo muy grave había pasado.
Salí del trabajo y camine por
largo rato, camine por sabana grande,
plaza Venezuela, llegue al parque los caobos, pase por parque central y llegue
a pie hasta la Avenida Baralt, ahí tome un auto bus para mi casa en Caricuao,
cuando llegue a la UD- 3, una zona de mi ciudad donde llegaban los auto buses,
decidí bajarme porque en realidad no quería llegar a mi casa, no podía asimilar
lo que me había sucedido, estando ahí y después de lo que me había pasado no
sabía cómo reaccionar, así que pensé de la única manera como sabia pensar, el
pecador que había en mi (o tal vez no) me dijo que la manera de quitarme ese
sentimiento era emborrachándome, así que me dirigí hacia un lugar llamado El
sol gironero, donde vendían cerveza y podía descargar las emociones que me
embargaban. Antes de llegar al sitio hacia donde iba, en la misma vía, poco
antes de llegar, escuche una música muy agradable que venía de una casa grande,
por primera vez en tantos años prestaba atención a aquella casa, humilde pero
bonita, y fui hasta allá, conforme iba acercándome a ella la música era más
atrayente, era una música sencilla no tenía instrumentos especiales, era una
pandereta y un tambor, el resto eran las palmas y el canto de unas personas
pero era bellísimo, yo tenía que ver qué era eso que tanto me atraía, me
acercaba y una emoción tomaba el lugar del llanto, pero ahora temblaba, sabía
que mis pasos habían sido dirigidos por Dios hasta ahí, ya lo sabía. La puerta
estaba abierta y entre sin preguntar, ahí fue cuando fui cegado por una luz
incandescente sobrenatural, era como si el sol hubiese estado en ese momento
dentro del recinto, volví a caer de rodillas y el mismo sentimiento embargo
nuevamente mi corazón, esta vez identifique el llanto con la felicidad.
Dos personas con rostros
brillantes de amabilidad me sujetaron de los brazos y me llevaron al frente, al
mismo centro de la sala, donde muchas personas igual que yo lloraban con sus
manos extendidas al cielo y dando gracias a Jesús, ahí entendí todo, ese era mi
lugar, ellos daban gracias al Dios que momentos antes me había llamado por mi
nombre, asi que yo también extendí mis brazos al cielo y adore al Dios que vive
y que me salvo de las manos de mi enemigo.
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