sábado, 24 de marzo de 2012

Mi Testimonio


Capítulo 1
El día que  conocí  Satanás.
Si bien fui bautizado por mis padres en la religión católica y mi madre de pequeño me había enseñado a adorar y a creer en sus santos e imágenes, nunca había escuchado de Cristo, me refiero al verdadero Cristo, no al que adoran en el culto católico, apostólico y romano, sino, al Cristo auténtico y fidedigno, a mi salvador que conozco ahora. A la edad de 20 años, me encontraba en un espiral auto destructivo donde mis escapadas del mundo real comenzaban los Jueves y terminaban el Domingo casi siempre con la moral por el suelo por las cosas que había hecho,  con un vacío interno que se llenaba  poco a poco por basura, vicios, ideologías erróneas y de espiritualidad negativa. Ese sentimiento nocivo que había en mí, me llevo a expresar entre mis amigos más de una vez mi interés por lo satánico y lo que ofrecía como recompensa a los que en ello creían. El llamado pacto con el diablo me parecía que era bastante viable y si se podía hacer, yo estaba dispuesto a entregar mi alma por algunos años de la buena vida. ¡Qué equivocado estaba!
Era el mes Diciembre del año 1993, trabajaba para una empresa constructora  llamada Gp, Ingeniería con el cargo de jefe electricista en la construcción del Centro Solano Plaza, calle La Iglesia de Sabana Grande, pleno centro de Caracas. Todas las tardes después del almuerzo salía a caminar por el precioso Boulevard que tenia al frente y así distraerme un rato antes de entrar a la jornada laboral de la tarde. En una de esas  caminatas que por lo general no pasaban de media hora, encontré un puesto de libros viejos, esa es una de mis debilidades, ahí pare e inmediatamente fui atendido por un hombre con mucha amabilidad, era un tipo blanco, con la piel del rostro manchada por el paso del tiempo, sus arrugas reflejaban que pasaba de los sesenta años, el cabello castaño claro, pulcro, peinado de lado y su ropa elegante no compaginaba con la de un vendedor de libros callejero;
-          Hola ¿como estas? – me saludó
-          Yo…, bien – le dije sin intención de darle conversación
Yo dirigí mi atención hacia los libros que  me interesaban, pero nada en especial, solo miraba.
-          ¿Te gustan los  libros? – dijo él intentando acercarse a mí.
-          Si, - dije yo- . me gustan mucho los libros.
-          ¡Entonces porque no agarras uno! Me dijo con voz insistente.
-          No voy a comprarte nada- le dije tajantemente y con voz grosera.
Ahí vi un cambio en su actitud, como si me hubiese llevado  al escenario que él quería, entonces agarro una silla que tenía cerca y se sentó cómodamente, y volvió y dijo;
-          Yo no estoy vendiéndote nadasolo te pregunté ¿por qué no agarras uno?- dijo.
Me tomo algunos segundos procesar lo que me estaba diciendo el hombre de los libros, que ahora me sonaba con un acento extranjero, algo como si viniera de España, sonaba viejo, pero agradable.
Entonces agarré uno los libros al azar, y le pregunté;
-          ¿Qué dices, me puedo llevar este sin pagarte nada?
-          Siempre y cuando me lo devuelvas al terminar de leerlo- me dijo con una sonrisa.
Me pareció algo extraño, pero qué más da, no soy del tipo que le buscan cinco patas al gato.
-          Ok, gracias- le dije yo con un apretón de manos.
Ya era hora de entrar al trabajo, así que tome mi libro y me vine caminando poco a poco mientras ojeaba con esa curiosidad de lector.
Esa tarde tuve tiempo en el tren de leer por casi una hora, el trayecto de Sabana Grande  a Caricuao, es un momento bueno para leer, siempre me ha gustado, ya al día siguiente después de haber leído lo suficiente vi que no era tan atractivo el libro y pensé volver al puesto de mi nuevo amigo para cambiar el libro que tenia por otro.
Aproximadamente a 50 metros antes de llegar al puesto de los libros, note algo extraño en el ambiente, en un boulevard como el de Sabana Grande, con un tránsito tan importante de personas que se te hace difícil caminar y este personaje estaba ahí, en el medio, esperándome como si supiera que volvería, con una sonrisa muy peculiar y eso no fue todo, lo que más me sorprendió fue su saludo; 
-          Hola Ort- dijo claramente mientras se acercaba a mí.
Eso me dejo parado por unos segundos sin saber que responder, se dirigió a mi por mi nombre y yo no recordaba haberlo dicho en algún momento, pero automáticamente pensé que no había otra explicación, se lo había dicho y no lo recordaba y aunque la duda todavía hoy persiste, en aquel momento simplemente no le di importancia al asunto.
-          Disculpa, tú sabes mi nombre pero yo no conozco el tuyo- le dije, ahora un poco más amigable que la última vez.
-          Esteban- dijo el sin rodeos.
Inmediatamente dirigió su atención al libro que traía en mis manos.
-          ¿Que pasó, ya leíste el libro?
-          ¿Quieres cambiarlo por otro?- dijo el casi simultáneamente.
No tuve yo que decir nada, el ya conocía mis intenciones, se me hizo fácil la situación.
Esta vez tome más tiempo y fui más selectivo, gracias a la recomendación de Esteban me marché con dos libros y bajo la misma promesa, que al leerlos los devolvería.
Me tomó poco tiempo darme cuenta del error cometido al elegir esos libros, eran en extremo aburridos pero así y todo me quede con ellos un par de días, mas por pena que por otra cosa.
Entre mi tercera visita al hombre de los libros, que ahora sabía que se llamaba Esteban y la primera vez  que nos vimos, habían pasado exactamente cuatro días  y ya yo había abusado de su generosidad con tres libros diferentes y eso me pareció más que suficiente para dejar el asunto hasta ahí, esta vez al devolverlos le daría las gracias y le diría que ya no quería llevar otro, pero no estaba preparado para lo que venía… había caído por completo en su trampa.
-          Hola, aquí te traigo los libros que me prestaste- le dije dejándolos  caer sobre una pila que había al frente.
-          ¿ Que pasó, no consigues lo que buscas?- me dijo
-          Dime, ¿Qué es lo que buscas?- dijo esta vez con mucho interés
La verdad era que yo no buscaba algo en especial, o al menos eso creía yo, Pero tampoco me esperaba esa pregunta. Por un momento me quedé callado, pensando en la cuestión, una pregunta como esa, tan fácil, ¿Por qué no podía responder? Sencillo, yo mismo no sabía que buscaba en aquellos libros viejos y desvencijados, podía comprarme la mejor obra en la librería del frente, pero yo estaba ahí, parado en medio de un millar de gentes, hablando con un  desconocido sobre cosas que todavía no entendía. Súbitamente vinieron a mi mente ideas, pensamientos que se entremezclaban, ¡ya sabía que buscaba! Ahora empezaba a hilvanar las ideas creando una oración.
-          Yo sé que hay algo- dije tímidamente- no sé cómo se llama pero sé que existe.
-          Eso que no se ve, ese poder invisible que nos mantiene sometidos viendo para arriba y para abajo.
-          Me atrae el misterio, lo oculto, eso me atrae- dije cada vez mas emocionado porque ahora sabía que era lo que estaba buscando.
-          No las novelas y libros fantasiosos de espíritus y fantasmas, eso me da fastidio.
-          Quiero saber de Dios, de satanás, quiero saber si ellos en realidad existen.
En ese momento se despertó en mi esa curiosidad, que yo no sabía que existía pero que siempre había estado ahí, adentro, esperando el momento para salir a flote.
Al empezar a hablar me emocioné en gran manera y podía seguir diciendo cosas que me interesaban, pero en ese instante Esteban me interrumpió.
-          Yo sé lo que tú quieres, y yo lo tengo- dijo el hombre casi como un susurro.
Inmediatamente capto mi atención la forma en que hablaba, ya no reía, no caminaba, creo que ni respiraba.
-          Tengo lo que tú buscas Ort-
-          Pero no creo que estés preparado para eso- lo dijo muy serio
Ahora sí, ¡si el tenia algo de lo que yo le había descrito, yo lo quería!
-          Tengo el libro que encierra todos los secretos que existen- volvió a decir.
Yo me quede por un momento sin poder decir nada, no tenía idea de que me hablaba aquel personaje.
Después casi como un susurro me dijo que me lo iba a dar, pero que tenía que venir al día siguiente por la tarde, que él me estaría esperando con dicho libro.
Bueno, así quedamos y me fui satisfecho de mi trato con Esteban, que cada vez se me hacía más familiar.
Al día siguiente, Viernes por la tarde lo que usualmente hubiese sido un día de parranda para mí, se había convertido en un verdadero suplicio, el tener que esperar desde las 2 de la tarde hasta las 6 me había hecho llegar al punto máximo de mi ansiedad, pero al fin ya eran las 5 y media y me dirigí a mi cita con el hombre de los libros como habíamos quedado.
Al verme sonrió con de una manera maliciosa a la cual yo no le preste mucha atención, pero si sabía que había algo extraño en todo aquel contexto, pero claro, a mí no me daba miedo nada.
-          Hola Ort-  dijo directamente- ¿Dime que quieres?
-          Hola Esteban, vengo a buscar el libro que me prometiste.
-          En realidad lo quieres- dijo seriamente.
-          ¡Clatro que si lo quiero ¡ he esperado todo el día por esto- le dije yo emocionado.
-          Está bien, solo tenías que decírmelo una vez más- me dijo cambiando el tono.
Me pidió que abriera el bolso que traía y saco de debajo de la mesa, un libro grande y pesado, tan grande como el libro más grande que había visto, la cubierta era de cuero y tenía un símbolo en la portada de una estrella de cinco puntas encerrada en un círculo, era como el sello que le ponen al ganado con un hierro al rojo vivo, esa fue la impresión que me dio.
Yo agarre el libro sin preguntar nada, le di la mano y me despedí alejándome rumbo a la estación del metro.
En el tren de esa hora no cabía un alma más, así que tuve que aguantarme las ganas de abrir el libro hasta que llegara a mi casa.
Habiendo llegado a mi casa pase directamente al cuarto y saque el libro, recuerdo claramente que me quede un largo rato viéndolo desde afuera por lo impresionante de su cubierta de cuero con su símbolo y con su olor, transmitía la idea de tener muchísimos años, el solo verlo desde afuera era un espectáculo.
Lo abrí solemnemente buscando el título, o el autor, o el índice por lo menos, pero no halle nada de eso, no tenía editorial, ni dedicatoria ni prefacio, iba directo al grano.
Desde un principio se deja ver el sentido espiritual de la escritura involucrando al mismo Dios y a los Ángeles del cielo, es narrado en primera persona por su protagonista que se llama a sí mismo el príncipe de los cielos y capitán de los ejércitos de los cielos.
La lectura comienza con una explicación de lo sucedido en el cielo cuando el mismo protagonista toma posesión de la creación de Dios y de manera justificada hace entender que su posición es más que justa, por cuanto su lucha es reivindicativa de los derechos de los Ángeles acusando a un Dios de tirano y de querer hacer siempre su voluntad sin derecho al disenso.
En ese mismo momento me doy cuenta de lo que tengo en mis manos, es la biblia del mal, la versión de satanás de la creación, su explicación del porque se vio obligado a tomar el poder por la fuerza en el planeta y demostrarle a Dios que su creación, Adán, no era lo suficientemente buena como para darle tan alta distinción como lo era el encargarse de todo un sistema de cosas.
Cuando me doy cuenta de lo que tengo en mis manos sentí un poder increíble, saltaba de una página a la otra a grandes pasos, sin terminar de leer ninguna de las que veía, cada vez me adentraba más en los misterios revelados de una manera directa y sin intermediario, ya los curas y las iglesias, ni mis padres, ni nadie tendría el control sobre mí, satanás me hablaba directamente con su palabra y quería que yo estuviera ahí , con él , me prometía poder, sabiduría, conocimiento por encima del hombre común, ya nada volvería a ser igual para mí, había encontrado  lo que buscaba.
No dejaba de sorprenderme la manera como había llegado a mi aquel libro, ahora entendía que había sido un plan de su parte y que Esteban trabajaba para el directamente y que yo podía ser parte de ese club con todos los beneficios que trae consigo.
Los próximos dos días, sábado y domingo, los invertí en leer lo más que pude, sacando mis propias conclusiones de lo que significaba aquello y pensando en la decisión que debía tomar ya sentía una ansiedad por el próximo paso que debía dar.
Eran las 6 de la tarde del día domingo cuando me encontré después de tanto buscar, con una sección del libro que explicaba paso a paso el procedimiento para llevar a cabo el pacto, ya no había vuelta atrás, solo tenía que esperar a que anocheciera lo suficiente y salir de mi casa para dirigirme a la montaña que queda detrás del edificio donde en aquel momento vivía y llevar a cabo el juramento, lo que había pedido estaba ahí, frente a mis ojos y nadie más sabia de eso, solo yo, Esteban y satanás.
Tengo que reconocer que estuve a punto de llevar a cabo la ceremonia, como lo he dicho antes, no le tenía miedo a nada. Pero una voz dentro de mí me detuvo, por alguna razón desconocida deje lo que tenía que hacer para mañana.
Esa noche tuve mi primera revelación en forma de sueño y entendí que mi lugar no era estar con satanás, el sueño fue así:
Estaba yo en un automóvil de lujo con satanás como conductor íbamos por un camino largo que cada vez se hacía más oscuro, yo hablaba con el de cómo sería el pacto pero el solo me repetía que yo era de él y mientras más avanzábamos me embargaba un temor horrible tanto que me dolía en el alma, hasta que le pedí que por favor se detuviera que yo me quería bajar y su respuesta fue acelerar el auto a mayor velocidad mientras se reía y me decía que ya no podía retroceder, tu eres mío me gritaba, el dolor se hacía más intenso conforme avanzábamos y yo le pedía con fuerza que se detuviera y lo enfrente de una manera directa y lo agarre por el cuello  y en mi mano derecha apareció un gran puñal y el me pedía que lo matara que solo así se detendría, claro eso era lo que él quería para demostrarme que ya yo estaba perdido y al último momento cundo levante el puñal para acabar con mi dolor, una voz, la misma voz que el día anterior me había detenido de subir a la montaña, me dio una frase, me dijo no lo mates, tú tienes el poder para destruirlo, y me le acerque a la cara y viéndolo a los ojos le dije” Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, la sangre de Cristo tiene poder” cuando dije esas palabras vi el terror en sus ojos y vi como después el que quería huir era el, por fin tuve el control.”
Ahí me desperté, pero ahora sabía lo que haría al día siguiente.
Al amanecer me fui a mi trabajo como todos los lunes, y espere volver a ver ansiosamente aquel hombre, pero esta vez la situación había cambiado. Ese mismo día al atardecer me dirigí hacia aquel punto en el boulevard ya de lejos más de 100 metros yo veía a Esteban esperándome conforme me acercaba distinguía su cara deformada con una gran sonrisa que le abarcaba gran parte de la cara, yo no tuve miedo. Agarre el libro y se lo tire a los pies y después de vernos directamente a los ojos le dije.
-          Te equivocaste conmigo satanás.
Y el riendo respondió:
-          Tú me lo pediste y yo te lo traje, nada malo hice- dijo
-          Nos volveremos a ver Ort- termino diciendo.
Yo le di la espalda y me fui de ese lugar, había sido suficiente del hombre de los libros.
Capítulo 2
El día que escuche la voz de Jesús.
El susto me duro un buen rato pero, no podía dejar de pensar en aquella semana tan extraña, habían pasado apenas 3 días desde la última vez que había visto al hombre de los libros y decidí volver por el mismo camino a ver si continuaba ahí. No estaba, en su lugar un hombre joven tenía un puesto de prendas íntimas de mujeres, me le acerqué e igual como hiciera con el hombre de los libros entable una conversación con él.
-          Hola amigo, buen día, ¿cómo está la venta?- me dirigí muy amablemente.
-          Un poco floja, es que apenas me incorporé ayer- dijo él.
-          Ah,  usted es nuevo en este punto- le dije yo indagando sutilmente.
-          No, yo tengo 3 años ya con este puesto- dijo él.
Ahí aproveche la ocasión para preguntar por el hombre de los libros y le dije.
-          Esta semana estuvo aquí un señor mayor vendiendo libros viejos- le dije - ¿es amigo suyo?- le pregunte.
Su respuesta más que aclarar algo, me dejo más intrigado aun.
-          No, este puesto es mío y yo soy el único que trabajo aquí y esta semana que pasó  no pude venir porque mi hija se enfermó y tuve que quedarme con ella en la casa ya que estaba muy delicada- dijo él.
-          Pero aquí estuvo un hombre vendiendo libros viejos- insistí yo.
El joven con el cual estaba hablando se dirigió al puesto de al lado para preguntar si efectivamente había estado otra persona trabajando ahí durante esos días y la gran sorpresa fue, que de los puestos vecinos que estaban alrededor nadie había visto al hombre de los libros, ni siquiera cuando lo describí con todas las señas posibles, nadie lo había visto, solamente yo.
Fue entonces cuando tome verdaderamente conciencia que la estrategia de satanás  había involucrado a más gente de las que podía imaginar, y si había hecho esto una vez, seguramente lo intentaría otra, más aun cuando me aseguró que nos volveríamos a ver.
A la semana siguiente de aquel extraño suceso, ya no pensaba en lo que había ocurrido, el trabajo me exigía toda la atención puesto que estábamos ya en culminación de obra y en tres semanas más debíamos tener aquel edificio de oficinas terminado, anteriormente explique que mi cargo en la obra era de jefe de electricistas, cargo que además de la responsabilidad que conlleva, es de gran exigencia en sus detalles finales.
El equipo estaba conformado por un ingeniero electricista, que en este caso era el mismo dueño de la empresa, ocho técnicos electricistas y yo como supervisor, ya estábamos, como dije anteriormente, en terminación de obras pero aún faltaba colocar accesorios (tapas de toma corrientes, tapas de interruptores, tapas de los tableros, etc.) que siempre se dejan para el último momento para resguardo y mejor acabado.
Esa mañana cuando nos dividimos el trabajo quedo así: yo me iría piso por piso revisando toda la tubería eléctrica que quedaba  a la vista por un ducto central y el equipo restante vendría colocando los  accesorios y rematando los detalles que iban quedando, mas nadie tendría acceso a los pisos superiores ya que el hecho que los plomeros habían terminado su trabajo colocando llaves en los lavamanos de gran valor, los carpinteros a su vez también habían terminado su obra colocando pomos en las puertas también de valor y ya teníamos conocimiento que habían empezado a extraviarse los accesorios colocados con anticipación, decidimos ser cautelosos con las personas que subían por las escaleras ya que ahora lo que se perdiera en la obra seria responsabilidad de nosotros los electricistas, ya que éramos los únicos que quedábamos a excepción que algún pintor retocando las paredes.
Así quedó entonces que cuando yo iba por  planta baja ellos venían por el sótano 2, cuando ya yo iba por el piso 4 ellos apenas estaban llegando a planta baja, mi ventaja era cada vez mayor a la del grupo.
Cuando llegue al último piso, que en este caso es el piso 8, ya que es un edificio pequeño, sucedió algo realmente inesperado y que cambio mi vida para siempre: “Yo estaba subido en una escalera separado del piso como a metro y medio haciendo mi trabajo de inspeccionar la tubería eléctrica, ya lo había hecho por todos los piso de abajo y esa era la última revisión por esa ala del edificio, cuando de repente y del silencio más profundo salió una enorme voz, algo me paralizo  por completo y sentí un escalofrío que me recorrió todo mi cuerpo como una descarga eléctrica, esas voz pronunció con claridad perfecta y fuerte mi nombre .-¡ Ort !.-  dijo aquella voz resonante, me pareció por completo sobrenatural y el hecho saber que estaba solo en aquel piso me perturbaba, alguna explicación habría para aquello, entonces al reaccionar, que debe haberme tomado como treinta segundos, empecé a buscar aquella voz dentro de cada oficina vacía que se encontraba a mi alrededor, ya que la explicación más lógica que venía a mi cabeza era que alguno de los muchachos que trabajaban conmigo me estaba jugando una broma, al no encontrar el origen de aquella voz profunda, baje a toda velocidad por las escaleras hasta el lugar donde estaba el resto de mi equipo y los encontré a todos concentrados en sus respectivos trabajos, en la puerta de una de las oficinas estaba el encargado de la obra y yo le pregunte que quien había subido, el me respondió inmediatamente que nadie había salido de aquella oficina en la última media hora, que hasta los pintores ya se habían ido y que el único que estaba trabajando en los pisos superiores era yo.
Me volví a mi sitio pensativo sobre aquello, y buscando una respuesta lógica de lo sucedido. Agarre mi escalera nuevamente y continué con mi inspección adonde la había dejado. Nuevamente aquella voz, esta vez más cerca, casi sobre mí y con más poder que la anterior, pronunció.- ¡ORT, SOY JESUS, SOY JEHOVA!, aquella poderosa voz que se dirigía a mí por mi nombre, ahora  me revelaba de donde venía, era el mismo Dios quien me hablaba”.
En aquel momento toda mi vida paso frente a mis ojos, no pude mantenerme en pie y caí, por primera vez sentí que Dios existe y que nuestra existencia se debe solo a su misericordia, el poder de aquella voz me había hecho arrodillar sin mucho esfuerzo, lo único que Salía de mi boca era una súplica interminable pidiendo perdón, perdóname padre, perdóname padre, era lo único que decía y un sentimiento tan grande en mi corazón que al mismo instante de caer de rodillas comenzaron a brotar de mis ojos lagrimas verdaderas de arrepentimiento, yo no entendía mi situación y el por qué lloraba de esa manera, pero si sabía quién lo ocasionaba, me decía a mí mismo acabo de escuchar la voz de Jesús.
Estuve en esa posición no sé cuánto tiempo, ni siquiera me importaba ya más lo que estaba haciendo, solo quería salir de ahí, mi mente estaba confundida, yo nunca había estado ni remotamente cerca de Dios y ahora había escuchado esas palabras que retumbaban en mi mente, solamente podía pedir perdón y llorar como si algo muy grande embargara mi corazón.
Deje herramientas, escalera y todo lo que estaba usando ahí tirado y me vine bajando, trataba de dejar de llorar pero no podía, cada vez que abría la boca quebraba en un llanto profuso, cuando llegue donde estaba el resto de mis compañeros de trabajo, no podía decirles nada, no porque no quisiera, sino porque no podía ni siquiera pronunciar palabra, solo salía un llanto de mi boca que tampoco podía refrenar.
Me fui del trabajo sin dar explicación alguna y mis jefes al verme en esa situación tampoco me las exigieron y consintieron en que me fuera a descansar para mi casa pensando que algo muy grave había pasado.
Salí del trabajo y camine por largo rato, camine por  sabana grande, plaza Venezuela, llegue al parque los caobos, pase por parque central y llegue a pie hasta la Avenida Baralt, ahí tome un auto bus para mi casa en Caricuao, cuando llegue a la UD- 3, una zona de mi ciudad donde llegaban los auto buses, decidí bajarme porque en realidad no quería llegar a mi casa, no podía asimilar lo que me había sucedido, estando ahí y después de lo que me había pasado no sabía cómo reaccionar, así que pensé de la única manera como sabia pensar, el pecador que había en mi (o tal vez no) me dijo que la manera de quitarme ese sentimiento era emborrachándome, así que me dirigí hacia un lugar llamado El sol gironero, donde vendían cerveza y podía descargar las emociones que me embargaban. Antes de llegar al sitio hacia donde iba, en la misma vía, poco antes de llegar, escuche una música muy agradable que venía de una casa grande, por primera vez en tantos años prestaba atención a aquella casa, humilde pero bonita, y fui hasta allá, conforme iba acercándome a ella la música era más atrayente, era una música sencilla no tenía instrumentos especiales, era una pandereta y un tambor, el resto eran las palmas y el canto de unas personas pero era bellísimo, yo tenía que ver qué era eso que tanto me atraía, me acercaba y una emoción tomaba el lugar del llanto, pero ahora temblaba, sabía que mis pasos habían sido dirigidos por Dios hasta ahí, ya lo sabía. La puerta estaba abierta y entre sin preguntar, ahí fue cuando fui cegado por una luz incandescente sobrenatural, era como si el sol hubiese estado en ese momento dentro del recinto, volví a caer de rodillas y el mismo sentimiento embargo nuevamente mi corazón, esta vez identifique el llanto con la felicidad.
Dos personas con rostros brillantes de amabilidad me sujetaron de los brazos y me llevaron al frente, al mismo centro de la sala, donde muchas personas igual que yo lloraban con sus manos extendidas al cielo y dando gracias a Jesús, ahí entendí todo, ese era mi lugar, ellos daban gracias al Dios que momentos antes me había llamado por mi nombre, asi que yo también extendí mis brazos al cielo y adore al Dios que vive y que me salvo de las manos de mi enemigo.

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