Estando yo en sueños me
vi en un pueblo lejano donde no conocía a nadie, había muchas personas en la
calle en su mayoría gentes de aspecto desarreglado, sucias y andrajosas. Yo
llevaba en mis manos un frasco de vidrio de forma redondeada, con boca ancha y
un tapón de cristal que entraba hasta la mitad del frasco, en su interior tenia
miel.
Yo caminaba de frente y
las personas venían contrarias a mí, siempre que me encontraba cara a cara con
alguien yo sacaba el tapón del frasco, el cual venia impregnado de miel, y les
daba a comer a aquella persona que consumía la miel directamente de mi mano. A
muchos de aquellos a quienes di a probar aquel
almíbar se alegraban por su dulzura y frescura, otros por el contrario
le encontraban un sabor rancio, no tan bueno, y yo explicaba que lo que sucedía
es que aquella miel tenía muchos años guardada y que le había caído mucho polvo
por el tiempo, también hubo un grupo de personas a quienes al sacar yo el tapón
del frasco en vez de salir cubierto de miel, salía cubierto de insectos, esos
insectos que buscan lo dulce, abejas, abejorros, etc. Aquellas personas lejos
de rechazar lo que yo le ofrecía, comían con más desespero, así después la botaran y la escupieran.
Ya en ese momento yo
sabía que no a todos les gustaba lo que
les estaba dando y me dije para mí mismo “Tengo que darles lo que vine a
darles, gústeles o no les guste”. Después de decir esto desperté, ahora con una misión por delante que cumplir, yo sé
que mis hermanos Cristianos sabrán darle la debida interpretación a este sueño.
La palabra que predico,
es el Evangelio de Jesús, sus
mandamientos están tan vivos hoy como estuvieron en el principio.
También me fue dada esta
palabra: Mi padre Jesucristo lloraba amargamente, y me decía con voz dolorosa
que necesitaba una esposa fiel y verdadera, esa esposa que el busca es la luz
de su pueblo, pueblo que se encuentra adormecido bajo el engaño de satanás, en
la figura de iglesias que se hacen llamar Cristianas y no guardan los
mandamientos del Dios verdadero sino que más bien se extraviaron al entrar por
la puerta grande de la comodidad acatando el mandato de la iglesia de Roma
guardando el día del sol (domingo- sun day) en vez de guardar el santo día de Jehová.
Sé que a muchos no le
será de agrado escuchar estas palabras, pero ya estoy preparado. A mí mismo se
me ha hecho muy difícil acatar el cuarto mandamiento, pero tenemos que hacerlo
si queremos entrar por esa puerta angosta que es la gracia de Dios, porque de
nada nos sirve pasarnos la vida en una iglesia Evangélica si después de todo,
al final descubriremos que fuimos siempre derecho pero por el camino
equivocado.
“Tengo que darles lo que
vine a darles, gústeles o no les guste”

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