domingo, 5 de febrero de 2012

La obra de Dios




Estando yo en sueños me vi en un pueblo lejano donde no conocía a nadie, había muchas personas en la calle en su mayoría gentes de aspecto desarreglado, sucias y andrajosas. Yo llevaba en mis manos un frasco de vidrio de forma redondeada, con boca ancha y un tapón de cristal que entraba hasta la mitad del frasco, en su interior tenia miel.
Yo caminaba de frente y las personas venían contrarias a mí, siempre que me encontraba cara a cara con alguien yo sacaba el tapón del frasco, el cual venia impregnado de miel, y les daba a comer a aquella persona que consumía la miel directamente de mi mano. A muchos de aquellos a quienes di a probar aquel  almíbar se alegraban por su dulzura y frescura, otros por el contrario le encontraban un sabor rancio, no tan bueno, y yo explicaba que lo que sucedía es que aquella miel tenía muchos años guardada y que le había caído mucho polvo por el tiempo, también hubo un grupo de personas a quienes al sacar yo el tapón del frasco en vez de salir cubierto de miel, salía cubierto de insectos, esos insectos que buscan lo dulce, abejas, abejorros, etc. Aquellas personas lejos de rechazar lo que yo le ofrecía, comían con más desespero,  así después la botaran y la escupieran.
Ya en ese momento yo sabía que no a todos les gustaba lo que  les estaba dando y me dije para mí mismo “Tengo que darles lo que vine a darles, gústeles o no les guste”. Después de decir esto desperté, ahora  con una misión por delante que cumplir, yo sé que mis hermanos Cristianos sabrán darle la debida interpretación a este sueño.
La palabra que predico, es el Evangelio de Jesús,  sus mandamientos están tan vivos hoy como estuvieron en el principio.
También me fue dada esta palabra: Mi padre Jesucristo lloraba amargamente, y me decía con voz dolorosa que necesitaba una esposa fiel y verdadera, esa esposa que el busca es la luz de su pueblo, pueblo que se encuentra adormecido bajo el engaño de satanás, en la figura de iglesias que se hacen llamar Cristianas y no guardan los mandamientos del Dios verdadero sino que más bien se extraviaron al entrar por la puerta grande de la comodidad acatando el mandato de la iglesia de Roma guardando el día del sol (domingo- sun day) en vez de guardar el santo día de Jehová.
Sé que a muchos no le será de agrado escuchar estas palabras, pero ya estoy preparado. A mí mismo se me ha hecho muy difícil acatar el cuarto mandamiento, pero tenemos que hacerlo si queremos entrar por esa puerta angosta que es la gracia de Dios, porque de nada nos sirve pasarnos la vida en una iglesia Evangélica si después de todo, al final descubriremos que fuimos siempre derecho pero por el camino equivocado.
“Tengo que darles lo que vine a darles, gústeles o no les guste”

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